martes, 26 de mayo de 2015

Artículo del Anuario de Lucha Armada 2014


La insurgencia en la doctrina francesa, norteamericana y argentina

Diego Cano, director del CEIH
I.
Como es sabido, la llamada lucha armada en América Latina durante las décadas de los sesenta y setenta tiene todavía mucho para decirnos de sus aspectos concretos; pero por sobre todo resulta necesario dar lugar a discusiones que permitan avanzar en una explicación del proceso más allá de los extremos que representan descalificaciones estigmatizadoras  y justificaciones de raíces románticas.
Como defecto casi general en los análisis del fenómeno, existe una tendencia a considerarlo de manera provincialista evadiendo el aspecto general de la política mundial, caracterizada por la tensión de la guerra fría. Suele tomarse acríticamente la forma concreta que ese enfrentamiento general muestra en nuestra región, y en Argentina en particular, aunque se desconoce el grado de influencia que la geopolítica pudo tener sobre ella.
Abordo este trabajo con el convencimiento de que una explicación del periodo sólo puede surgir de la consideración de las determinaciones que implican para la insurgencia la competencia entre las dos grandes potencias mundiales. Buscando en sus manifestaciones concretas los modos en que esa necesidad se hace carne en los procesos locales, en sus condiciones particulares. Sólo una explicación coherente de esas tendencias generales puede dar cuenta de las motivaciones de raíz de este periodo histórico.
En este sentido, nuevos textos han venido a dar luz sobre aspectos críticos al interior de las organizaciones armadas, aunque pocos afrontan los vínculos existentes entre estas organizaciones y el eje Cuba/URSS, sin caer en demonizaciones o magnificaciones justificadoras. De la misma forma, del otro lado de la soga, se ha avanzado bastante en la recopilación parcial de la influencia francesa en la contrainsurgencia argentina, en ciertos aspectos de coordinación regional de la represión, pero bastante menos en el estudio de los lineamientos generales que explican una política contrainsurgente impulsada principalmente desde los Estados Unidos[1]. La documentación encontrada en los archivos de Asunción del Paraguay[2], y los documentos clasificados divulgados por los Estados Unidos a través de su llamada “ley de libertad de la información” comprueba la responsabilidad intelectual norteamericana en la coordinación de los organismos de seguridad regionales en la represión. Esta documentación poco dice del aspecto doctrinal militar que sirve de guía para los planes de las fuerzas armadas de nuestros países[3] que desarrollo en ese trabajo.
Una aparente explicación de esta falta estaría en la necesidad de no darle trascendencia a las hipótesis intencionalmente ideológicas que aseguran que tanto la lucha armada como la estrategia de contención, que termina en una feroz represión, fueron un simple reflejo de políticas determinadas por los principales centros de poder.
Mutatis mutandis, mi hipótesis es que la estrategia instrumentada desde las fuerzas armadas en toda América Latina[4] para combatir la llamada insurrección se enmarca en un desarrollo particular del enfrentamiento de la guerra fría, y que el carácter propio, singular, que la lucha armada y su represión por las fuerzas militares toman en la Argentina no llegan a velar una influencia de carácter regional, e incluso internacional.
En este texto intento mostrar, como un aspecto de ese clima general, la forma en que aparece el concepto de insurgencia en las doctrinas militares[5], francesa, norteamericana y argentina.
Las lecciones aprendidas por los franceses en Vietnam, y Argelia dieron origen a un nuevo cuerpo de teorías que basan el centro de gravedad del enfrentamiento militar en el control de la población. Supuestamente el cuerpo doctrinal norteamericano aparecería enfrentado a este planteo enfatizando la destrucción directa del enemigo por sobre el control de la población. Estas páginas intentan demostrar que la línea demarcatoria entre ambos lineamientos no es tan evidente, y que ambas concepciones se funden a principios de los sesenta. Esta fusión se dio en el marco de la difusión de la teoría de Mao en el continente, y la rápida reacción de Kennedy, dando impulso inmediato a la contrainsurgencia en respuesta a los nuevos aires que se irradiaban desde Cuba.
El análisis de las doctrinas militares regionales permite afirmar que los ejércitos tenían claro que la clave para la eliminación de la guerrilla era atacarla en la etapa inicial de su desarrollo. Esto fue lo que pasó efectivamente con el EGP, las FARN, el Che en Bolivia, y las FAP en Taco Ralo. La unanimidad de estas expresiones revela una difusión de las concepciones contrainsurgentes internacionales más veloz y eficaz que la observable del lado insurgente.
A pesar de esta unanimidad de los hechos, existe una diferencia evidente entre la doctrina francesa, por un lado, y la norteamericana y la argentina, por otro. Mientras que la primera asume abiertamente, como en el caso de Trinquier, el uso de la tortura como método de obtención de información, la doctrina formal de los manuales y reglamentos norteamericanos y argentinos, se cuidan de mencionar tales elementos coercitivos. Sólo los reglamentos argentinos de 1976, en medio de una represión imperante, incluyen alusiones mediante eufemismos a “la captura preventiva de sospechosos” o destacan la necesidad de formar una conciencia del combatiente como “cazador de subversivos”. En el caso norteamericano desde 1994 se conoce la existencia de manuales de torturas utilizados en los sesenta que no son mencionados por los manuales de contraguerrilla y fuerzas irregulares de la época. En el caso argentino, aunque la tortura y todo tipo de métodos coercitivos, ya fue más que demostrada, se desconoce hasta ahora la existencia de este tipo de material[6]. Como aseguran Mignone y Mc Donnell parece evidente la existencia de una “normatividad global paralela y secreta”. Esta normativa habría sido en gran parte quemada por orden del general Bignone en noviembre de 1983[7].
A continuación comenzaré el desarrollo abordando la situación internacional y regional al comienzo de la década de 1960.
II.
La insurgencia cobra auge en nuestra región después de la revolución cubana en 1959. Esto tuvo su repercusión en la necesidad de “contención” por parte de los Estados Unidos. Kennedy ordenó en 1960 una amplia y fuerte respuesta al desarrollo de la insurgencia en el llamado Tercer Mundo. Del lado soviético Nikita Kruschev, en un discurso de 6 de enero de 1961, afirmó su apoyo a las guerras de liberación nacional[8]. La doctrina norteamericana de intervención militar en cuestiones internas  impulsada por Kennedy tenía como objetivo último impedir el acceso al poder de una fuerza militar apoyada por los comunistas, sin generar en esa contención una confrontación abierta entre los Estados Unidos y la Unión Soviética[9].
El análisis desde Estados Unidos señalaba que la estrategia comunista era realizar una lucha prolongada tendiente a desgastar el sistema de alianzas de los Estados Unidos en las zonas periféricas[10]. La doctrina contrainsurgente se combinaba con el desarrollo expuesto desde el MIT que sostenía que las naciones en vías de desarrollo, son más vulnerables a la subversión. Como consecuencia de estos diagnósticos se afirmará la necesidad de intervención de los ejércitos regionales[11] en cuestiones internas[12].
Kennedy en su mensaje al congreso estadounidense de mayo de 1961 establece “urgentes necesidades nacionales” entre las que se encuentra un marco institucional apropiado para la guerra contrainsurgente. Estados Unidos ya disponía de material doctrinal relacionado a la guerra de guerrillas, que puede entenderse por fuera del esquema de enfrentamiento ideológico  que se producirá en el llamado Tercer Mundo. Efectivamente el material doctrinal de guerra de guerrillas estadounidense anterior a 1960 se focalizará en una concepción de la guerrilla como una rama subsidiaria de la guerra que debía ser combatida por “pequeñas unidades agresivas”. Es a partir del giro político y doctrinal producto de los realineamientos estratégicos derivados del nuevo nivel de fricción de la guerra fría que la doctrina, llamada ahora contrainsurgente, se convierte en algo totalizador. En ese marco y bajo esa nueva doctrina es que se crea la Escuela de las Américas donde se formaron innumerable cantidad de cuadros de las fuerzas armadas del continente[13].
La particularidad del caso argentino, caracterizado por la generación del terror generalizado a través de la desaparición forzada masiva, no puede explicarse desde  la doctrina francesa, o norteamericana, y ni siquiera considerando la propia doctrina militar argentina explicita. El carácter masivo de asesinatos y desapariciones resulta particular, y parece diseñado desde el ejército con posterioridad a la doctrina contrainsurgente de principios de los setenta.

Este texto no aborda la cuestión del clima ideológico fervientemente anticomunista generado en gran parte por textos escritos por personal de las fuerzas armadas, sino que focaliza en el material doctrinal, de lectura obligatoria y presentado como guía para conducción de las operaciones contrainsurgentes en Argentina dentro de las fuerzas armadas. Se ha puesto mucho énfasis en diferentes análisis en destacar la importancia de lo ideológico en la represión que forjó la hegemonía que posibilitó construir la imagen deshumanizada del comunista como virus foráneo, con lo cual solo cabía eliminarlo para poder seguir manteniendo vivo el organismo de la sociedad; aunque, como Jano, su otra cara no recibió la misma atención el trabajo sobre las formas concretas en las cuales circuló el pensamiento militar contrainsurgente que señaló la forma específica de combatir y aniquilar la insurgencia.
Al contrario del material ideológico, la doctrina militar se muestra más objetiva, más despojada del espíritu anticomunista popularizado de diversas formas. Los manuales presentan a la insurgencia desarrollándose desde uno o varios problemas reales de descontento de la población. No hay definiciones concretas de las bases de ese descontento, pero el análisis general plantea una sociedad “altamente injusta”. De ahí que el combate de esa insurgencia se plantee en términos de trabajo sobre el apoyo potencial de la población hacia el “grupo altamente motivado” que dirige la insurrección en dos modalidades: una   persuasiva, y otra coercitiva.
Aunque estos reglamentos utilicen una variada gama de conceptos sin definirlos explícitamente, los términos insurgencia y guerrilla se utilizan con significados diferentes. La insurrección es algo más amplio, que contiene como el momento militar a las guerrillas, pero se considera que éstas sólo se desarrollan cuando la insurrección está avanzada.
El análisis de estos manuales deja en claro entonces que las fuerzas armadas sostenían la necesidad de acciones coercitivas contra las fuerzas irregulares, aunque solo aparezcan menciones solapadas a esa coerción. Pero algo más importante surge de ese análisis, y es que las fuerzas armadas tenían un conocimiento bastante profundo de las motivaciones y formas de accionar táctico y estratégico de los grupos insurgentes. De esta manera, puede decirse que contaban con las herramientas teóricas para instrumentar (en caso de tener la necesidad, el poder de decisión y la fuerza) las medidas necesarias para una efectiva aniquilación de las fuerzas irregulares.
Varios autores, entre ellos Gabriel Periés y María Monique Robin, y organizaciones como el CELS,[14] han señalado la importancia de la influencia francesa sobre la doctrina y práctica contrainsurgente argentina. Y este señalamiento también ha sido sugerido por militares[15] argentinos[16]. Además de algunas declaraciones de Camps, el mismo Videla en el libro de entrevista de Reato Disposición final afirma: “El ejército no enseñaba a torturar: Pero también es cierto que había manuales del ejército francés basados en las experiencias de Argelia que motivaron la instalación dentro del Estado Mayor de Ejercito, de una comisión de oficiales franceses para colaborar con el departamento Doctrina del Ejercito a fin de adecuar nuestros reglamentos. Luego de la guerra de Vietnam vino también una comisión del ejército norteamericano pero los de mayor influencia, tal vez por haber llegado primero y por la experiencia emblemática en Argelia, fueron los franceses[17]”. Es interesante destacar que así como se conoce bastante de la comisión francesa, poco o nada se conoce respecto a la comisión norteamericana que menciona Videla.
Como expresión de la diferencia abismal entre la influencia francesa y la norteamericana veamos algunos números. El cálculo que realiza Mazzei es que al menos un oficial fue enviado a las escuelas militares francesas entre los años 1957 y 1962[18], lo que puede llegar a dar un máximo de entre 15 a 20, suponiendo que en varios años hayan ido a las escuelas militares francesas más de dos oficiales[19]. Esto está proporcionalmente bien lejos de lo que  será la capacitación en contrainsurgencia de 600 militares en la Escuela de las Américas, y casi 3600 en escuelas militares de los Estados Unidos entre 1950 y 1976. Considero que una diferencia cuantitativa tan abrumadora es la expresión de la cualidad o capacidad de influir que ejercieron las doctrinas francesas y norteamericanas en la Argentina. En cuanto a los contenidos, la influencia francesa sobre la doctrina argentina habría que acotarla al terreno ideológico, en la justificación del uso de la tortura. La resignificación estratégica de este instrumento y la capacidad concreta de aplicarlo corresponde adjudicarlo a la influencia norteamericana.

III.
Antes de comenzar el desarrollo de la doctrina francesa señalo algunos aspectos de su influencia sobre la doctrina de los Estados Unidos. David Galula, francés, combatiente en Argelia, fue publicado y auspiciado en los Estados Unidos por la Rand Corporation, organización gubernamental vinculada estrechamente a la industria bélica norteamericana e influyente sobre las políticas de contrainsurgencia ejecutadas en América Latina.  Galula cobra significancia hoy por haber sido llamado por el General Petraus, líder de la ofensiva en Irak, como “el Clausewitz de la contrainsurgencia”. Más allá de su significativa influencia, explicado fundamentalmente por sus ediciones en inglés, Galula en realidad retoma las conclusiones de Trinquier, sin la mención directa a la necesidad de la tortura. Cabe aclarar que Trinquier fue ampliamente difundido y editado en Argentina.
También el teniente coronel del ejército norteamericano John McCuen, publicado en 1967 en Argentina por el Circulo Militar, realiza un pormenorizado análisis de la experiencia británica, pero fundamentalmente francesa[20]. McCuen deja claro que la doctrina francesa, construida sobre su experiencia en Indochina y Argelia, había sido ampliamente estudiada e incorporada a la doctrina norteamericana ya a mitad de los sesenta.
La doctrina francesa, llamada Doctrina de Guerra Revolucionaria (DGR) comenzó en 1952; y los escritos más conocidos al respecto corresponden a Roger Trinquier. Para Marie-Monique Robin: “la guerra moderna [de Trinquier] de 1961 se convertirá más tarde en la Biblia de los especialistas de la “lucha antisubversiva” de la Argentina a Chile pasando por Estados Unidos, Irlanda del Norte o la Rusia de Putin”[21] Los libros de Trinquier también sirvieron de inspiración a varias de las novelas de Jean Larteguy sobre las guerrillas y la contrainsurgencia. Estas novelas fueron ampliamente leídas, difundidas y traducidas en América Latina principalmente como material de propaganda y adoctrinamiento en niveles inferiores de capacitación dentro de las fuerzas armadas[22].
La elaboración de esta doctrina se basa en la lectura pormenorizada de las obras de Mao Tse Tung, que según entendían eran la base ideológica del desarrollo de la guerra en Indochina. Aquí sintetizaré las principales conclusiones de Trinquier, ya que desconozco la existencia de material doctrinal del ejército francés al calor de la guerra de Indochina y Argelia.

En primer lugar, la DGR desarrolla la concepción de la ilegitimidad absoluta del enemigo interior, que nunca puede ser del todo nacional, sobre la base de la concepción de la estrategia indirecta del general Beaufre, que explica que el enemigo insurrecto siempre está haciendo el juego de una potencia más o menos oculta que lo controla dándole apoyo en términos de propaganda o de acción psicológica (una tribuna internacional por ejemplo), en términos de financiamiento (fondos secretos para comprar armas o favorecer la criminalidad organizada) o de asesoramiento militar e ideológico extraño[23].  Como arma ideológica, la descalificación basada en el control extranjero le quita al proceso insurgente la aspiración de legitimidad basada en ser la expresión genuina de necesidades o problemas reales  las sociedades en que surgen. Además la figura de fuerza extranjera, ajena al propio cuerpo, habilita la  metáfora del virus que debe ser rechazado para que la sociedad “siga viviendo”, de manera que su eliminación no produce ningún problema moral ni político.  
El estigma del control extranjero de los insurgentes que aparece en Trinquier, puede encontrarse en los textos más ideológicos argentinos, de militares y civiles, pero no se encuentran en los reglamentos militares argentinos considerados acá.
Algunos autores plantean que la DGR es una doctrina más enfocada en lo militar. Lo que surge de este análisis es justamente que el aspecto que resalta es justamente el contrario. La misión de la lucha contrainsurgente para Trinquier no es sólo asegurar el control militar de un espacio territorial, sino, y fundamentalmente, el control político de la población.
La reflexión general realizada por Trinquier, luego de las experiencias de la primera guerra de Indochina (1945-1954) y de la  guerra de Alegría (1954-1962) plantea un cambio total en el tipo de guerra con la cual los ejércitos deberán enfrentarse. Se trata del paso de las guerras convencionales o tradicionales, en las cuales las operaciones militares siguen su curso sin contar sus efectos en la población civil, y las guerras modernas o revolucionarias, en las cuales la cooperación de la población civil representa el objetivo vital de la lucha.
El análisis de los métodos de guerra empleados por los insurgentes es el interés de Trinquier. Para él la guerra revolucionaria es algo mucho más amplio que solamente la guerra de guerrillas. La guerra revolucionaria implica, fundamentalmente, la lucha por el control y el apoyo de la población civil de la zona o nación en la cual se busca tomar el poder. Esta es una característica de gran importancia para Trinquier, y su preocupación es que los ejércitos nacionales siguen luchando contra estos grupos insurgentes como si se trataran de ejércitos convencionales, lo cual lleva a su derrota.
De esta forma la parte armada del conflicto, la parte de guerra de guerrillas, constituye solo un elemento, y no el más importante, en toda una maquinaria de guerra que busca  controlar a la población y obtener su apoyo, constituyendo una organización dentro de la misma población.
La consecuencia directa de esto último, es que en este tipo de guerra, no se lucha frente a frente  con otro ejercito claramente identificable; el enfrentamiento es en cambio con una organización clandestina cuyo objetivo principal es imponer su voluntad a una población, que cuenta con un ejército pequeño pero consistente y efectivo, y que trabaja clandestinamente entre la propia población.
La organización  revolucionaria no busca destruir al ejército enemigo al comenzar la lucha, porque no tiene todavía la fuerza necesaria; por el contrario, se propone un plan a largo plazo para hacerse con el poder en etapas sucesivas. Solo en un momento posterior de la guerra revolucionaria, cuando ya se ha logrado el control y el apoyo de la población, es que la lucha armada propiamente dicha toma un lugar principal. En este momento es donde la guerrilla, como unidad de combate de la organización clandestina, lleva al ejército tradicional a luchar en su propio terreno y, contando con el apoyo logístico y de aprovisionamiento de la población civil, logra eludir el enfrentamiento tradicional y pelear en sus términos en el terreno que mejor conoce. Una vez que la organización clandestina es lo suficientemente fuerte en las ciudades y el campo como para contar con un amplio apoyo, las incursiones fuera del área de refugio crecen, multiplicándose los ataques a puestos de vigilancia del ejército y las emboscadas a distintas unidades del mismo.
Ahora, para realizar esta tarea los grupos insurgentes deben montar una poderosa organización clandestina esparcida en el propio seno de la población, para lo cual  recurren a la utilización de dos armas principalmente: la acción psicológica y la acción directa.
La caracterización de la insurgencia realizada por Trinquier pone en el lugar del ejército enemigo a la totalidad de la organización clandestina (incluido su brazo político, que puede ser legal) y no solo a las unidades de guerrillas y de combatientes armados. Para él, el error de los ejércitos tradicionales ha sido identificar solo a los grupos guerrilleros como aquellos a los que debían combatir y no entender a los mismos como parte de un aparato de guerra mayor del enemigo: la organización subversiva.
El prototipo de organización clandestina para Trinquier es el FLN argelino. Una organización en células pequeñas donde sus miembros no se conocen con los de otras, con conexión jerarquizada de las mismas que va ascendiendo en las ramificaciones entre los jefes de células hasta los lideres y estados mayores de cada zona, y luego región en la que se divide la organización, hasta el estado mayor de toda la organización dirigido por un jefe político militar.
Esta organización subversiva cuenta con un brazo político y otro militar, separados uno del otro, pero ambos fuertemente jerarquizados y organizados. Los miembros de esta organización se encuentran formados ideológicamente y se suman a esta lucha de manera voluntaria, ya sea desde el lugar de combatiente armado o como propagadores ideológicos, encargados de la acción psicológica.
El terrorismo aparece para Trinquier como una de las armas básicas de la guerra moderna, quizás el arma principal, juzgada desde allí sin ningún reparo moral, el mismo representa el método más efectivo por el cual la organización subversiva busca el apoyo y el control de la población civil de no contar con el mismo. El objetivo es generar terror en la población, para luego controlarla y poder luego instalarse cómodamente en las poblaciones donde han logrado la incondicional sumisión y ayuda de sus habitantes.
Para Trinquier la lucha contra estos métodos demanda el desarrollo de nuevas formas. Por ejemplo, el papel de los informantes es central para el objetivo de conocer a la organización subversiva. Las experiencias de Vietnam y Argelia dejaron en Trinquier la enseñanza de que gracias a los informantes de la población, la organización insurgente tenía un completo conocimiento sobre las acciones y movimientos del ejército y la policía, mientras estos no sabían nada sobre los insurgentes por el apoyo recibido por la población. El objetivo, entonces, debe ser separar a los guerrilleros de la población, organizar a la población para evitar todo regreso ofensivo del enemigo, hacer insostenibles las zonas de refugio para las unidades de guerrilla.
Por otra parte, y dado que la información resulta un factor clave para el triunfo, Trinquier identifica a la tortura como un método eficaz en la lucha contra la subversión, en tanto permite su obtención de manera rápida, antes de que la organización pueda reaccionar al apresamiento de uno de sus miembros.
Solo una vez que se ha logrado el completo aislamiento de la guerrilla (y eliminado su organización clandestina), cuando se haya afianzado el control de la población dejando a la guerrilla sin apoyo logístico, el operativo contra las zonas de refugio comenzará.
En síntesis, los libros de Trinquier identifican a la guerra revolucionaria con una forma de intervención extranjera en el territorio nacional; cuestión sensible en el marco de la guerra fría. Las ideologías y movimientos insurgentes son identificados como siguiendo los intereses de potencias extranjeras, y sus proclamas e intenciones son descriptas como formas de ocultar el interés extranjero en controlar el gobierno y la población de otra nación.
Para Trinquier las bases de entrenamiento y el cuartel general de la organización subversiva se encuentran en el exterior, en los territorios de una nación extranjera que permanece neutral, aunque brinda a la subversión, no solo fundamento ideológico, sino también apoyo material, financiamiento, provisiones y sobre todo entrenamiento.  El ataque de estas bases por parte del ejército resulta complejo ya que puede llevar a la guerra abierta con esa nación y, en el contexto de la guerra fría, a una guerra mundial. No obstante, según la situación, puede llegar a ser necesario. Los casos particulares que analiza Trinquier son los de las bases de la subversión argelina en Túnez, y vietnamita en China. Por esta razón identifica el control de las fronteras, y del posible aprovisionamiento de la subversión a partir de las fronteras como un elemento clave.
A pesar de caracterizar la guerra moderna como totalmente nueva y distinta a la guerra tradicional, Trinquier no deja de identificarla como lucha entre naciones, solo que la nación agresora opera a partir de elementos dentro del país que busca atacar, intentando desestabilizar al gobierno y tomar el poder para luego obedecer las órdenes de la potencia extranjera a la que ahora responde.

IV.
Los manuales de guerra contrainsurgente norteamericanos siguen un desarrollo similar al señalado por Trinquier. Los manuales anteriores a 1960 hacen hincapié en la guerra de guerrillas como una forma de enfrentamiento que acompaña el enfrentamiento principal de los ejércitos convencionales. Ya hacia fines de la segunda guerra mundial la forma predominante de conflicto es la insurgente[24][25].
Es importante destacar acá que, ni los análisis franceses, ni los manuales norteamericanos que se consideran a continuación, entienden a las formas insurgentes como foquistas. Sin embargo, como sabemos, esa es una caracterización que predomina en el imaginario actual, donde se presenta como la forma predominante de acción de los sesenta en la Argentina. Este sentido común, aunque sobre la base real de ciertas caricaturizaciones como la de Debray, surge más bien de una imagen parcial de los conflictos de América Latina[26].
Analizaré acá solo dos Manuales[27] que se encuentran dentro del periodo planteado[28]: 1.- U.S Army Field Manual Nº 31-21: Guerrilla Warfare and Special Forces Operations[29]1961. Y el 2.- Counterguerrilla Operations Field Manual 31-16. Febrero de 1963[30].  
El Guerrilla Warfare and Special Forces Operations cobra relativa importancia por haber sido publicado inmediatamente después de la Revolución Cubana y con la guerra de Vietnam en curso. En él se explicitan las operaciones guerrilleras que puede conducir o apoyar el ejército de EE.UU. No es un manual de contrainsurgencia, en realidad es un manual para que las fuerzas norteamericanas aprendan a usar tácticas de guerrilla y a dar apoyo a otras fuerzas de resistencia. Por esta razón piensan las actividades de guerrilla dentro de marcos legales y siguiendo las reglas de la convención de Ginebra. Del mismo modo las operaciones guerrilleras aparecen como una acción militar más entre otras, como una acción secundaria y de apoyo. La acción de la guerrilla se realiza bajo el mando de un comando general de la guerra.
Los campos interrelacionados de la guerra de guerrillas, evasión y escape, y subversión contra estados hostiles son considerados en conjunto como resistencia. Las operaciones de la guerra no convencional solo se llevan adelante en territorio enemigo o controlado por el enemigo, a partir de fuerzas predominantemente “indígenas” con apoyo externo.
La población forma parte de los movimientos de resistencia, ya sea como luchadores guerrilleros, como apoyo civil o como red clandestina de apoyo. Según las condiciones en las que se desarrolle la lucha puede ser mayormente urbana o rural.
Las operaciones guerrilleras, según este Manual, tienen como objetivo el reducir la capacidad de combate del enemigo, su capacidad industrial y su moral. Se llevan adelante a partir de grupos pequeños que utilizan tácticas ofensivas, tradicionalmente son acciones de apoyo a otras operaciones militares por lo cual su táctica depende de esta coordinación con otras actividades militares. Dependen de la movilidad, la capacidad evasión y la sorpresa. Cuentan con apoyo civil, financiamiento externo, aspectos y vinculaciones políticas. La guerrilla, así, se encuentra en inferioridad con respecto a su enemigo en los aspectos de armamento, cantidad de hombres, comunicaciones y logística; pero en una situación de superioridad en los aspectos de inteligencia, actividades encubiertas, de evasión y en el uso del tiempo. Utilizan una acción ofensiva basada en la sorpresa. Una vez que terminan el ataque se dispersan, y operar en múltiples y variados territorios no concentrándose en un área.
Las guerrillas pueden ser efectivas en todos los momentos de una guerra, desde el inicio hasta el desenlace. En una primera etapa la guerrilla está ocupada mayormente en sobrevivir y crecer, una vez que cuenta con fuerzas suficientes pasa a la ofensiva más abiertamente. 
Llama la atención como, al considerar la guerrilla como una forma auxiliar de llevar adelante un conflicto, el propio Ejército de EE.UU. la presenta como una forma viable y efectiva en que fuerzas armadas con capacidad bélica menor pueden encarar un enfrentamiento con éxito gracias al apoyo de la población[31].
Ya en el manual de 1963[32] el lugar central lo ocupan las operaciones contraguerrilla, lo que implica un giro fundamental. Encontramos en él una guía para el combate, la prevención y el entrenamiento contra la subversión. Diferencia subversión y guerrilla, esta última como unidad militar de la primera, y describe como atacarla militarmente teniendo en cuenta los aspectos políticos, civiles, culturales y económicos de la subversión. Es importante destacar que este comentario refleja en esencia el eje del planteo desarrollado por David Galula quien será referente en años recientes, siendo que su libro recién es publicado en 1964.
Al diferenciar subversión y guerrilla, y definir a la última, en base a la táctica empleada, como una fuerza combatiente que emplea tácticas guerrilleras, se acepta que cualquier tipo de fuerza militar, regular irregular o paramilitar, o irregular, puede ser una fuerza guerrillera. La subversión será el concepto que englobe a los movimientos insurgentes “…la subversión es la acción, principalmente clandestina o encubierta, destinada a socavar la fortaleza militar, económica, sociológica, moral o política, y se le hace frente con la antisubversión, parte de la contrainteligencia destinada a destruir la efectividad de las actividades anímicas subversivas por medio de la detección, identificación, utilización, penetración, manipulación y represión de las personas, grupos u organizaciones que conducen, o son capaces de conducir, tales actividades.”[33].
La diferencia entre guerrilla y subversión es entonces la que existe entre una táctica militar y un movimiento amplio y organizado que busca el control de la población. Esta conceptualización es muy similar a la que vimos en la doctrina francesa y, como veremos, a la vertida en los reglamentos militares argentinos que desarrollo más adelante. El paralelo entre la caracterización de subversión e insurgencia es evidente. “El movimiento insurgente trata de ejercer el control físico, psicológico y político sobre la población civil. Dicho control generalmente se establece más bien a través de su red de jefes locales bien adoctrinados, y no por las fuerzas tácticas de la guerrilla. Estos jefes actúan clandestinamente o abiertamente dentro de las diversas subdivisiones políticas de un país, dependiendo de ello del grado de control que tengan las guerrillas.”[34].
Vemos que el elemento civil aparece ya como clave, los dos bandos en lucha, la subversión y la contrainsurgencia, buscan aprovechar y ganarse el apoyo de la población civil como factor clave de la guerra. Igual que la doctrina francesa.
El manual resume la forma en que se debe atacar a las guerrillas  como: “Las fuerzas guerrilleras deben ser hostigadas y destruidas mediante operaciones de ataque y a la vez, se debe evitar el apoyo de la población civil local y/o el apoyo externo de las potencias patrocinantes. Se debe impedir que las guerrillas reciban apoyo de la población civil durante las operaciones de consolidación por medio de actividades de inteligencia y contrainteligencia, el control de la población y recursos de acción cívica militar. Se puede impedir que las guerrillas reciban apoyo de una potencia patrocinante exterior, principalmente controlando las fronteras”.
Las similitudes con Trinquier son significativas. Existe un consenso absoluto en caracterizar la insurgencia como un combate por el control y el apoyo de la población: “La insurgencia es una competencia entre los insurgentes y el gobierno por el apoyo de la población civil la cual provee el mar en el cual los insurgentes nadan.”[35]

Estos objetivos y tácticas plantean una estrategia en la cual la organización política intenta primero por todos los medios legales comenzar con las actividades que buscan ganarse a la población: la agitación, la propaganda, la organización de estructuras políticas. Aún estando dentro del terreno legal,  estas acciones ya son insurgentes según esta perspectiva. La contrainsurgencia debe trabajar en estos momentos para identificar a estas organizaciones y neutralizarlas antes de que estén en condiciones de pasar a la acción armada.
El análisis de los Manuales del Ejercito Norteamericano[36] muestra que la insurrección ha sido la forma general en la cual  se han desarrollo la mayoría de los conflictos en todas las regiones del planeta en la época de la llamada guerra fría.  Circunscribir el fenómeno al ámbito local, o incluso al regional, y a las décadas del sesenta y setenta, obtura la capacidad explicativa de cualquier análisis, en la medida en que favorece interpretaciones particularistas y unilaterales que encierran en realidad lecturas interesadas en desprestigiar las formas de lucha del periodo[37].
Más allá del carácter formal, doctrinario y  general, en tanto elaborados para la instrucción de sus fuerzas armadas, los Manuales son un indicador general del estado de la cuestión al interior del Ejército Norteamericano. De hecho comprueba que, aunque con un énfasis primigenio en el enfrentamiento directo armado contra las guerrillas[38], el Ejército Norteamericano consideró a la guerrilla, al menos desde la segunda guerra mundial, como parte de los enfrentamientos armados de mayor alcance denominados como insurgencia[39].  Obviamente, como señalamos antes es el Manual de 1963[40] el que incluye plenamente el concepto de insurgencia en un sentido amplio más allá del choque y enfrentamiento militar.
El ejército norteamericano piensa los movimientos insurgentes como un fenómeno político más amplio, en el cual la guerrilla, como unidad de combate, constituye solo una parte y no la más importante del mismo. En este punto los textos de Trinquier destacados arriba y este manual de 1963 guardan total similitud. Sobre la base del absoluto consenso respecto a caracterizar la insurgencia como un combate por el control y apoyo de la población, la lucha, es definida principalmente en el terreno político[41].
La idea central que rige en todos los Manuales analizados es que la insurgencia sería un nuevo tipo de guerra donde lo que se disputa son las poblaciones. Encontramos aquí una coincidencia plena con los planteos franceses. Los Manuales se ocupan de diferenciar la insurgencia de la guerrilla para no reducir al movimiento insurgente a su aspecto militar. La guerrilla correspondería a la forma de plantear el enfrentamiento en el terreno militar que corresponde a una organización insurgente que, al disponer del apoyo de la población, puede desplegarse  con pocos recursos.
En el manual norteamericano de 1963 están planteadas cuestiones similares a las de la DGS, como ser la importancia que tiene para la capacidad política de las fuerzas contrainsurgentes el aislar a las fuerzas rebeldes de su apoyo en la población.
Los Manuales norteamericanos son más cuidadosos que los teóricos franceses al momento de definir las medidas concretas coercitivas que la guerra contrainsurgente tiene que llevar adelante. Como vimos arriba, Trinquier "justifica" el terrorismo[42]; y, sacándole cualquier cuestionamiento moral, tomándola como un arma de guerra más,  identifica a la tortura como el método más eficaz contra la subversión. Aunque los manuales  analizados acá no mencionan la tortura, hoy[43] se conocen los manuales de tortura con los que se capacitaba en la Escuela de las Américas[44]. Esto parece similar a la situación que vamos a encontrar en la doctrina argentina, donde los manuales contraguerrilla y anti-insurgente no mencionan la tortura como elemento clave en la obtención de información para desbaratar al llamado enemigo interno. En el caso norteamericano surgieron recientemente a la luz estos manuales de tortura, en el caso argentino se desconoce todavía si existió este tipo de material.

IV.
            Los reglamentos doctrinarios del ejército argentino principales respecto a la insurgencia son los tres tomos de Operaciones contra las fuerzas irregulares, RC-8-2 de 1968/1970, e Instrucción de lucha contra las guerrillas de 1969, RV-150-10, y los menos conocidos Operaciones contra elementos subversivos (Proyecto) RC–9–1, Instrucción de lucha  contra elementos subversivos RE–9–51, y Operaciones de Seguridad RE–10–51, estos últimos de 1976[45].
 En los primeros reglamentos de 1968 se muestra la centralidad del control de la población, en concordancia con la doctrina norteamericana y la francesa. Se plantea entonces la necesidad de “aislar a las fuerzas de guerrilla del apoyo de la población”. También se hace énfasis en la diferencia del carácter guerrillero y el clandestino que pueden incentivar “a motines organizados en gran escala con el objetivo de tomar y ocupar zonas en ciudades y pueblos, también se requerirá la represión militar para reprimir tales sublevaciones”.
Otro punto que menciona el reglamento es la “interdicción del apoyo externo. Tendrá por objeto evitar el contacto entre los elementos de guerrilla y las fuerzas enviadas por el país patrocinante que las apoya”. Destaco que se habla de apoyo, no de motivar, como aparece en los planteos de Trinquier. En este sentido, los reglamentos de 1968 identifican los “factores básicos que influyen en un movimiento de insurrección. La causa fundamental el descontento de la población. El mismo surgirá de las condiciones prevalecientes”.
El concepto de subversión vertido en los reglamentos  “comprenderá las acciones de los grupos de insurrección clandestinos destinados a reducir el potencial militar, económico, psicológico y político del enemigo mediante actividades destinadas a agitar a la población contra un gobierno establecido o contra una fuerza de ocupación. A medida que los grupos de insurrección se hagan más fuertes, sus actividades podrán desarrollarse abiertamente cambiando su condición de grupos insurrección clandestinos para transformarse en fuerzas de guerrilla”.
Con respecto a las medidas coercitivas se menciona “la finalidad principal del control de la población y recursos será la de identificar y neutralizar a los elementos subversivos, sus organizaciones y actividades.” Y por otro lado respecto a las medidas de inteligencia “infiltración. Factor humano. Inteligencia.” En este punto se insiste en: “la información de agentes civiles mercenarios o militares que se hagan pasar por civiles, podrá ser muy importante pero exigirá precauciones”.
El reglamento Instrucción de lucha contra las guerrillas (RV-150-10) de 1969 es un reglamento para unidades tácticas, para capacitar a todos los combatientes. Establece “las bases para la instrucción de la fracción y subunidad en operaciones de contraguerrilla.”. Al ser más táctico sugiere posiciones de tiro, instrucción en lucha nocturna así como “transmitir la sensación de aislamiento” a la guerrilla y perseguirlo para limitar su libertad de acción. Para finalmente señalar que “un movimiento de insurrección tratará de ejercer un control físico, político y sicológico sobre la población: dicho control se establecerá generalmente a través de una red de dirigentes locales bien adoctrinados, antes que por medio de las fuerzas de guerrilla. Estos dirigentes podrán operar en forma abierta o encubiertamente dentro de las diversas subdivisiones políticas del país de acuerdo con el grado de control ejercido por las guerrillas.”
El reglamento Operaciones contra fuerzas irregulares (RC 8 2) de 1970[46] define a una fuerza irregular como “la manifestación externa de un movimiento de insurrección contra el gobierno local o contra una fuerza de ocupación por parte de la población de la zona. Por lo tanto la organización y desarrollo de una fuerza irregular dependerá en gran medida del apoyo que reciba por parte de la población como así también de algún país patrocinante. Y fija los objetivos de las fuerzas irregulares que “emplearán procedimientos destinados a neutralizar el poder de combate de las organizaciones militares convencionales.”
Igual que varios manuales norteamericanos señala  el momento de atacar a una fuerza irregular: “cuando una fuerza irregular se encuentre en estado incipiente o latente, podrá ser destruida empleando las medidas normales previstas para el mantenimiento de la ley y el orden y eliminando o mitigando las causas que provocan el movimiento de insurrección”[47].
Las causas de las que habla este pasaje aluden al descontento de la población, que ya he presentado más arriba. Los movimientos de insurrección comenzaran a formarse cuando exista un descontento entre individuos altamente motivados que no puedan promover su causa por medios pacíficos y legales. En condiciones apropiadas, la actitud y creencias de estos individuos se propagaran entre los grupos de familias y vecinos.
También, como en la doctrina francesa y norteamericana, se reconocen etapas en el accionar insurgente: 1.- Resistencia pasiva, 2.- Manifestaciones individuales de oposición, 3.- Sabotaje reducido o en escala, 4.- Actos de violencia individual, 5. -Actos de violencia ejecutados por grupos organizados.
Se enfatiza que el tratamiento del enemigo se rige mediante las leyes de convención de ginebra. Sin embargo estipula ciertas condiciones en las que un guerrillero puede tener estado legal y por tanto tendrá derecho a ese trato. Dejando abierta la posibilidad de que, en el caso de que alguno de esos criterios no se cumpla, reciba otro tipo de trato, se entiende más violento y contrario a esos derechos que lo protegen.
La represión militar contra fuerzas irregulares se llevará a cabo contra los elementos de guerrilla de dichas fuerzas. Sin embargo, cuando los elementos clandestinos de insurrección inciten a motines organizados en gran escala con el objetivo de tomar y ocupar zonas en ciudades y pueblos, también se requerirá la represión militar para doblegar tales sublevaciones.
Hasta aquí los reglamentos de fines de la década del sesenta. Los reglamentos de 1976 y 1977 dan un salto en las definiciones respecto al carácter coercitivo sin llegar a mencionar en forma directa la tortura,  aunque sí la centralidad de la inteligencia y los interrogatorios como forma de desbaratar el accionar subversivo. Aunque en líneas generales continúan lo dictado en los reglamentos de finales de los sesenta, el reglamento RE–9–51 Instrucción de lucha 1976 contra elementos subversivos[48] es un reglamento para el nivel de fracciones tácticas menores. Lo que sí parece novedoso, renovado y ampliado, es la definición de subversión: “se entenderá por tal, a la acción clandestina o abierta o violenta que busca la alteración o la destrucción de los criterios morales y la forma de vida de un pueblo, con la finalidad de tomar el poder e imponer desde él una nueva forma basada en una escala de valores diferentes”. También este documento tiene un carácter más marcadamente ideológico. Por ejemplo caracteriza la lucha subversiva como “solapada, artera y encubierta” en varias oportunidades y de manera repetitiva. Se insiste a diferencia de los anteriores reglamentos en la lucha personal y en la instrucción de tiro.
El tono más coercitivo del reglamento se expresa de manera manifiesta, por ejemplo al despertar en el combatiente el sentido de “cazador de subversivos”[49]. Se refuerza el carácter e importancia de la inteligencia, tema que aparecía con vehemencia en los textos de Trinquier. Por ejemplo: “la actividad de inteligencia adquirirá fundamental importancia en las operaciones contra elementos subversivos, constituyendo la base de todo el accionar contrasubversivo. Y más adelante: “el capturado es una fuente de información que debe ser aprovechada por el nivel de inteligencia”. Sin embargo en el proceder se enfatiza: “no se los maltratará ni se emplearán medios violentos para obtener información”, recordemos que este reglamento es de 1977. Se menciona que luego de la captura, desarme y registro, se debía separar a los detenidos y se procedería a un primer interrogatorio o primera fase del interrogatorio llevado a cabo en y por la unidad capturante, a diferencia del segundo o segunda fase del interrogatorio que se debía hacer más adelante y por personal de inteligencia". Menciona la existencia de un desconocido hasta hoy manual de interrogatorio "Manejo del Enemigo Capturado" (Reglamento RT-16-101 Examen de Personal y Documentación).
El reglamento Instrucción para operaciones de seguridad, RE-10-51 de 1977 es un complemento del anterior para fracciones tácticas menores, con el objetivo de separar a la población de los elementos subversivos. Sus objetivos de control de la población se ven ampliados a toda actividad que presente alguna “resistencia civil” y se ordena la captura “preventiva” de los sospechosos de ser “agitadores” sindicales y barriales
La insurrección que surge de esta doctrinaria no puede ser evaluada simplemente por la capacidad militar directa, real y efectiva de las fuerzas irregulares, aunque son una evidente muestra de su fuerza. Esta definición del carácter de guerra encierra la discusión sobre el carácter desmedido del uso de la fuerza y la represión sobre fuerzas militares significativamente menores que tendría la insurgencia[50].
Sería necio pensar que la dirección de un cambio doctrinal impulsado desde Estados Unidos hacia las fuerzas armadas latinoamericanas se haya realizado y ejecutado de manera directa, mecánica, sin que medien resistencias y obstáculos que muestren la autonomía de los ejércitos locales. De hecho los reglamentos sintetizados en este trabajo datan de la década de 1970, diez años después del impulso de la guerra contrainsurgente de Kennedy.
El primer material doctrinal aquí estudiado surge cuando la conmoción local ya tiene un cierto nivel que muestra la existencia potencial de ese enemigo interno declamado por la doctrina contrainsurgente. La experiencia del Che en Bolivia de 1967, Taco Ralo en septiembre de 1968, toma de los puestos de seguridad de Campo de Mayo en abril de 1969, la quema de 13 supermercados Minimax en junio de 1969, el asesinato de Vandor ese mismo mes, entre otras muchas acciones. Distinto es el carácter más ideológico de otros trabajos impresos e impulsados desde las fuerzas armadas como el del emblemático General Villegas de 1963, donde el supuesto problema interno invocado todavía no tenía la realidad que Villegas decía tener, y revestía más un carácter de repetición de la estrategia norteamericana de implantación del miedo y fobia anticomunista, tal como le señala Ghioldi, que un genuino problema insurgente[51].
La otra cosa que indica este material doctrinal es que llegado el momento que las fuerzas insurgentes hubieran querido comenzar sus acciones las fuerzas contrainsurgentes estaban preparadas, por lo menos doctrinalmente, para derrotar un proyecto continental de insurrección.

Epílogo
En primer lugar se comprueba que la supuesta oposición entre la doctrina francesa y la norteamericana no es realmente tal. La primera tuvo su influencia sobre la segunda ya a principios de la década del sesenta, y las coincidencias entre ambas aumentaron cuando los EE.UU. cambiaron sus hipótesis de conflicto para enfrentar la insurgencia en Vietnam. La influencia del contexto geopolítico resulta clara en esta deriva.
Por otra parte, ambas doctrinas tuvieron su influencia en las doctrinas contrainsurgentes de latinoamerica, y en Argentina en particular, que fue el caso analizado aquí. Sin embargo, la importancia cuantitativa y, por tanto, cualitativa, de la norteamericana fue mayor.
La mayor coincidencia entre los escritos de Trinquier, como representante de la doctrina francesa, y la doctrina argentina es el énfasis puesto en la separación de la insurrección de la población. Los otros dos puntos que identifico como centrales del trabajo del autor francés no se muestran evidentes en estos reglamentos doctrinarios argentinos.
La diferencia entre guerrilla y subversión señalada en todas las doctrinas suele usarse sin la especificidad concreta que encierra y, por tanto, sin considerar la concepción y acciones que imprime esa forma de pensamiento. La diferencia entre la guerrilla como táctica militar, y un movimiento amplio y organizado que busca el control de la población que sería la insurrección y la subversión que contiene a ambos, parece central al momento de definir qué acciones deben estructurarse para combatirlas.
Con respecto al rol de la tortura, destaca la ausencia casi total de cualquier mención a la misma en los reglamentos argentinos. Aunque sí se menciona la importancia de la inteligencia mediante la infiltración y la colaboración directa de la población con las tareas del ejército. Sabemos fehacientemente que esta no fue la práctica, y que en la intervención del ejército, fundamentalmente después de 1976, y comprobado antes de esa fecha en el Operativo Independencia en Tucumán, la tortura fue realizada de manera habitual y sistemática como medio de desarticular la organización clandestina político-militar compartimentada de los insurrectos[52].
El segundo punto en el que no encuentro coincidencia con los planteos centrales de Trinquier es la causa externa que se le atribuye a la insurrección. El planteo de la importancia central en la existencia de la insurrección del comunismo internacional, relevante en los argumentos ideológicos y el discurso público de la dictadura (aunque no fuera real en su relación con la URSS) no aparece en la doctrina militar argentina. Ahí la causa central de la insurrección se debe al descontento de la población “ya sea real, imaginario,  o provocado”[53].
La reelaboración norteamericana de la doctrina contrainsurgente aparece con mayor fuerza en los reglamentos argentinos, lo que resulta esperable por el papel que desde ese país se le adjudicó a la formación de militares del continente en sus propias academias. Además, una coincidencia importante, aunque no de carácter doctrinario, entre las formas de la lucha contrainsurgente norteamericana y argentina es que el silencio acerca de la tortura tuvo como correlato su puesta en práctica bajo el amparo, comprobado en el caso norteamericano y supuesto en el argentino, de manuales de carácter secreto.

Bibliografía
Bignone, Reynaldo. El último de facto. La liquidación del Proceso. Memoria y testimonio. Planeta.1992 Argentina.
Boccia Paz, Palau Aguilar, y Salerno. Paraguay: Los archivos del terror. Papeles que resignificaron la memoria del stronismo. Asunción. 2008
Bonavena, Pablo; Nievas, Flabián, La guerra contrainsurgente hoy. En Revista Pacarina del Sur. s/f. En http://www.pacarinadelsur.com/home/abordajes-y-contiendas/368-la-guerra-contrainsurgente-de-hoy
Bonavena, Pablo, “Reflexiones sobre La doctrina de “la guerra asimétrica”. En Aportes para una sociología de la guerra. Nievas, Flabián, editor. Ediciones Proyecto editorial. 2006.

Bonet, Gabriel. Guerras insurreccionales y revolucionarias. Noviembre de 1976. Buenos Aires.
Blaufarb, Douglas. The counter-insurgency. U.S. doctrine and performance. 1950 to the present. Free Press. 1977.
Brands, Hal. Latin America´s Cold War. 2010. Harvard University Press
Cano, Diego, “Tareas para la implantación de un Frente Guerrillero en la Argentina”. Notas para la discusión de un documento del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Argentina. 1968. Revista Anuario Lucha Armada. Pág.174 a 192. 2012.
Cano, Diego ¿Estrategia foquista? La estructura política argentina en la estrategia de revolución de Ernesto Guevara. Notas preliminares, Revista Izquierdas, n° 11, pp. 70-87. Chile, diciembre 2011. Y en Cuadernos de la Fundación Che Guevara, 2014.
Cirino, Julio Alberto. Argentina frente a la guerra marxista. Editorial Rioplatense. 1974.
Courreges Hervé de, Germain Emmanuel, Le Nen Nicolas Principes de contre-insurrection. Económica. Paris. 2010.
Crawley, Eduardo. Subversión y seguridad. La cuestión de la guerra de guerrillas en el contexto argentino. Círculo Militar. 1970. Argentina.
Documentos del Estado terrorista. Directiva del Comandante General del Ejército N° 404/75
(Lucha contra la subversión) y Plan del Ejército (Contribuyente al Plan de Seguridad Nacional). Cuadernos del Archivo Nacional de la Memoria. Buenos Aires. 2012.
Delmas, Claude, Guerra revolucionaria. Manuales Huemul. 1963.

Duhalde, Eduardo, El Estado terrorista argentino. Ed. Colihue. Edición definitiva. 2014.
Frontalini Daniel, y Caiati María Cristina. El Mito de la guerra sucia. CELS, Agosto de 1984. Argentina.
Galula, David Counterinsurgency Warfare. Theory and Practice. Praeger Security International. Primera edición 1964. US. Edición 2006.
García, Prudencio. El drama de la autonomía militar. Alianza Editorial. Madrid. 1995.
Ghioldi, Rodolfo. Un libelo deleznable.  Folleto agosto de 1963.
Jemio, Anita. La construcción del enemigo interno en los reglamentos del Ejército Argentino de las décadas del sesenta y setenta. Continuidades y rupturas. Ponencia en las X Jornadas de Sociología de la UBA. En http://sociologia.studiobam.com.ar/wp-content/uploads/ponencias/1458.pdf
Joes, Anthony James. Victorious insurgencies four rebellions that shaped our world. The university press of Kentucky. US. 2010.
Jobert, Chauteau. La confrontación revolución, contrarrevolución. Editorial Rioplatense. Julio de 1977.
Kilcullen, David. Counterinsurgency. Oxford Editions. UK. 2010.
Klare, Michel T. y Kornbluh Peter. Contrainsurgencia, proinsurgencia y antiterrorismo en los 80. El arte de la guerra de baja intensidad. Grijalbo. México. 1990.
Labarique Paul,  La CIA brinda instrucción militar. 1965: Indonesia, laboratorio de la contrainsurgencia. En  http://www.voltairenet.org/article126196.html
Lacheroy, Charles. Scenario-Type de guerre revolutionaire. Centre Militaire d’information et de specialisation pour lóutre-mer. 1955
Mántaras, Mirta. Genocidio en Argentina. Buenos Aires: ed. de la Autor. 2005
Mazzei Daniel H. La misión militar francesa en la escuela superior de Guerra y los orígenes de la Guerra Sucia, 1957-1962. En www.topoblindado.com
Mignone y Mc Donnell. Estrategia represiva de la dictadura militar. La doctrina del paralelismo global. Colihue. 2006. Argentina.
McCuen, John, El Arte de la guerra contra revolucionaria. La estrategia de contrainsurgencia. Junio de 1967. Círculo Militar. Buenos Aires.
Marston, Daniel, Malkasian, Carter. Counterinsurgency in Modern Warfare. Osprey. UK. 2010.
Navarre, Henri. La guerra de indochina. Círculo Militar. 1964. Buenos Aires.
Périés Gabriel,  La Década de los 80 fue Clave para la Evolución de la Contrainsurgencia en Cuadernos de Actualidad en Defensa y Estrategia. La Contrainsurgencia en el Siglo XXI y su Crítica. En http://www.mindef.gov.ar/publicaciones/pdf/Cuadernos3.pdf
Périès Gabriel, De Argelia a la Argentina: estudio comparativo sobre  la internacionalización de las doctrinas militares francesas en la lucha anti-subversiva. Enfoque institucional y discursivo. En: http://webiigg.sociales.uba.ar/conflictosocial/libros/genocidio/anexo2.pdf
Pontoriero, Esteban, El tratamiento de los prisioneros de “guerra subversiva” en los reglamentos de contrainsurgencia del Ejército argentino (1955-1976), N° 19, Agosto 2014. Chile.
Tapia Valdés, Jorge A. El Estado Terrorista. La doctrina de Seguridad Nacional en el Cono Sur. Nueva Sociedad. Editorial Nueva Imagen. 1980.
Tse Tung, Mao, Selección de Escritos Militares, La Rosa Blindada, Buenos Aires, 1972.
Trinquier Roger. Guerra, Subversión, Revolución. Buenos Aires, Ediciones Rioplatense. 1975.
Trinquier, Roger. La Guerra Moderna. Buenos Aires, Ediciones Cuatro Espadas. Edición 1981. También Editorial Rioplatense sin fecha.




                [1] Quizás Chile haya sido el lugar donde más se ha estudiado el papel rector de la política estadounidense de contrainsurgencia, principalmente por su carácter obvio y manifiesto en el impulso y apoyo al golpe del 11 de septiembre de 1973.
[2]    Boccia Paz, Palau Aguilar, y Salerno (2008).
[3]      Caloni, Stella (2005).
                [4] Para algunos aspectos generales ver Brands, (2010).
                [5] Entiendo por doctrina militar la expresión de cómo las fuerzas armadas realizan sus operaciones, batallas y compromisos es de una guía para la acción. La doctrina proporciona un marco de referencia común para los militares. Ayuda a normalizar las operaciones facilitando su preparación.
[6]    En el caso de la causa nº 17.052 caratulada “Acosta, Jorge Eduardo y otros s/ recurso de casación e inconstitucionalidad” se ha comprobado la existencia de un plan sistemático en el robo de bebes. De la misma forma en las causas Plan Cóndor y Automotores Orletti, en curso, muestran la coordinación regional para el apresamiento, tortura, interrogatorio, intercambio y eliminación de personas.

                        [7] El ex jefe del Estado Mayor del Ejército, general Héctor Ríos Ereñú sostuvo que en noviembre de 1983 el general Reynaldo Bignone ordenó incinerar todos los documentos referidos a la represión estatal. Aparentemente esta orden estaría incluida en el decreto reservado 2726 del 28 de abril de 1983.
                        [8] 6 de enero de 1961. Página 18. http://www.foia.cia.gov/sites/default/files/document_conversions/16/1961-06-16.pdf. El discurso también mencionaba que en la primera fase la lucha debe intensificarse en los frentes activos. En particular, debe ser empujado en América Latina. Página12. Y en Blaufarb, (1977).

          [9] Página 67 Church Committee: Book IV - Supplementary Detailed Staff Reports on Foreign and Military Intelligence. Current Section: A. Clandestine Activities, 1961-1970.

                [10] Página 34. Klare y Kornbluh. (1990).
                [11] “El principal objetivo del Ejercito es actualmente  prevenir la acción subversiva castrista”, Onganía, discurso de 1964. Selser, (1965).
                [12] El pasaje de la hipótesis de intervención externa a la interna es el problema más importante respecto del rol del ejército en nuestros países.
                [13] La capacitación de las fuerzas armadas latinoamericanas fue categorizada como “más que anticomunista, es anti-izquierdista, y segundo, más que educación, es una pueril catequización”, pág. 89. Tapia Valdés (1980). Duhalde es casi el único que enfatiza el rol norteamericano. Página 258. Duhalde (2014).
                [14] “La particularidad argentina es que se recurría a un material por excelencia para sembrar el terror en la población y desarticular los lazos de solidaridad social, la desaparición forzada se erigía en la metodología dominante para este ejercicio criminal del poder estatal. Pág. 16 y 17. Mignone y Mc Donnell. (2006).
            [15]  Afirmaciones de Videla, Camps, Bignone, se suman las del propio general del Operativo Independencia Acdel Vilas que en su Diario de Campaña.  Tucumán, Enero a Diciembre de 1975” señala: “un especialista del glorioso ejército francés en Argelia escribió en su libro -que lo fue de cabecera durante mi andadura tucumana- que era, "Subversión y Revolución".
                        [16] Nota de Ramón J.A. Camps del 4 de enero de 1981. Página 2.  Derrota de la subversión. Apogeo y declinación en la Argentina. Entre otras cosas: “En la Argentina recibimos primero la influencia francesa y luego la norteamericana, aplicando cada una por separado y luego juntas, tomando ambas, hasta que llegó un momento en que predominó la norteamericana”.
                [17] Página 76. Reato (2012).
                [18] “El fin de la influencia francesa directa sobre el Ejercito Argentino se produjo en 1962 al tiempo que aumentaba la influencia norteamericana”. Página 136.
                [19] Mazzei, Daniel. Página 117.
                [20] McCuen, (1967). Este libro tiene análisis de Mao Tse Tung y toda la bibliografía francesa de Indochina y Argelia existentes.
                [21] Página 73. Marie-Monique Robin (2005).
                [22] Inclusive varios de los personajes simulan a Roger Trinquier y  Paul Aussaresses en su actividad militar. Sus libros más conocidos son la trilogía, Los Mercenarios, Los Pretorianos, y Los Centuriones todos publicados por Emecé en la Argentina. Los centuriones fue vuelto a publicar en ingles recientemente a pedido del General Petraus.  Los libros de Larteguy plantean la tortura como método de obtención de información, sin ningún tapujo.
                [23] Beaufre citado ampliamente por Osiris Villegas y editado por Ediciones Rioplatenses.
                [24] Bonavena, y Nievas (s/f).
                [25] Joes coloca a Cuba dentro de los cuatro casos exitosos de insurgencia. Pág. Introducción “Who cares about yesterday´s Wars?”. En  Joes, (2010).
                [26] Las formas organizativas de la insurgencia han contribuido a la invisibilización de este proceso. La organización celular, compartimentada, y una dirección centralizada. En Argentina el secreto de las operaciones, y por sobretodo el “exterminio sistemático” de los cuadros dirigentes, han sido los factores relevantes de esta falta de visibilidad del proceso insurgente de los sesenta.
                [27] Existen entre 1963 y 1986 otros manuales que no son considerados en este trabajo. 1) Marine Corps guide to counterinsurgency, 1980. 2) CIA, Psychological Operations in Guerrilla Warfare, 1984. Y 3)  Marine Corps, Mao Tse-Tung on Guerrilla Warfare, 1989.
                [28] La siguiente página de internet dispone de una gran cantidad de Manuales de diverso tipo. Varios de los Manuales aquí analizados están disponibles en ese sitio. http://www.stevespages.com/page7c.htm
                [29] Disponible en: http://www.stevespages.com/page7c.htm
                [31] La misma estructura propagandística que demoniza en base a objetivos políticos determinados (Zero Dark Thirty, 2012) sustentando ideológicamente una estrategia contrainsurgente más allá de cualquier derecho, al mismo  contradictoriamente simula en la película Red Dawn (2012) una invasión a los EE.UU. defendiendo y convirtiendo en heroica una situación de resistencia civil supuestamente basada en una estrategia guerrillera por parte de la población norteamericana.
                [32] La editorial Rioplatense publico el FM 31-15 Fuerzas Irregulares en agosto de 1969 unos meses antes de la publicación del reglamento argentino.
                [33] Ver pág. 19.
                [34] Ver pág. 46.
                [35] Pág. 2. Galula, (2006).
                [36] Parte del desarrollo de este punto ha sido presentado en las X Jornadas de sociología de la UBA bajo el título “La Insurgencia en los Manuales del Ejército Norteamericano”. En este trabajo analizó los manuales de 1940 hasta la actualidad.

          [37] “…ha comenzado a emerger una corriente que aconseja emplear la tortura como instrumento antiterrorista.”. Pág. 89. De la guerra “nítida” a la guerra “difusa” Nievas. (2006).

                [38] Los teóricos de la insurgencia frente a los problemas en Irak han hecho énfasis en la ausencia de una debida incorporación del tema insurgente en la doctrina estadounidense. La existencia de los Manuales aquí descriptos y su contenido parecen contradecir estas afirmaciones. Pág. 17. Marston, (2010).
                [39] Pág. 37. Bonavena, (2006).
                [40] Counterguerrilla Operations. Field Manual 31-16. Febrero de 1963
                [41] “En los casos de [Gran Bretaña, Irlanda y Palestina; Filipinas; Malasia; Vietnam; Irlanda del Norte; Rhodesia; Colombia; Afganistán; e Irak], el compromiso político más que la búsqueda de un control militar total caracterizaron las estrategias militares exitosas”. Pág. 16. Marston, (2010).
                [42] Pág. 37.Trinquier, (1981).
                [43] Estos manuales fueron puesto a disposición del público en 1994.
                [44] Ver los Manuales Kubark del año 1963.
                [45] Referencia inevitable para este punto son los trabajos de Mirta Mántaras, Esteban Pontoriero y Ana Jemio.
                [46] La Editorial Rioplatense que se dedicaba a publicar material militar vinculado a la guerra revolucionaria, y la contrainsurgencia, publica en 1969 (antes de la publicación de los reglamentos aquí analizados). Fuerzas Irregulares. FM 31-15 del Departamento del Cuartel general de Ejército (U.S.A.). Fondo Editorial Rioplatense. Agosto de 1969.
[48]  “Este reglamento deja sin efecto los anteriores e incluso modifica la denominación de guerrilla por banda de delincuentes comunes para eludir los Acuerdos de Ginebra”, Mántaras (2005).
[49]  Según Mántaras (2005) el reglamento Operaciones contra elementos subversivos experimental de 1975 al que no tuve acceso menciona: “El concepto es prevenir y no curar, impidiendo mediante la eliminación de los agitadores posibles acciones insurreccionales masivas”, página 203.
                [50] Inmediatamente posterior a la caída de la dictadura se argumentó desde el CELS que la definición de guerra a la lucha armada, tanto desde el Ejercito como por parte de las fuerzas insurgentes, es desmedido y desproporcionado, ya que la guerrilla nunca habría desarrollado una verdadera fuerza militar que cuestione seriamente el monopolio de la violencia. Frontalini y Caiati (1984). 
                [51] El EGP se desarrolla hacia fines de 1963 y termina en abril de 1964.
[52]           “El asesinato generalizado resultó de la convergencia y la decisión común de múltiples poderes hasta ahora nunca enjuiciados pero que fueron los partícipes directos y responsables del plan de exterminio” León Rozitchner en Mirta Mántaras (2005).
                [53] Página 77.